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Historia de Daniela

En el momento que decides quedarte embarazada y que vas a por tu segundo hij@, deberías asumir todos los riesgos, pero no es así. Tú piensas que va a salir bien porque lo deseas tanto que es imposible que salga algo mal.

El 20 de septiembre de 2008, tenemos cesárea programada porque Daniela viene de nalgas y es mi segunda cesárea, pero hay algo sospechoso en el seguimiento del embarazo, especialmente durante los últimos meses. No me dan ni una copia de las fotos de las ecos y por último mi Dr. se va de vacaciones en agosto y me recibe una sustituta hacia el octavo mes que pone caras raras al hacerme la última eco. Pero no me dice nada, hablará con mi médico. Mi querido Dr. Madueño ni siquiera me recibe en consulta, sale su enfermera para darme fecha y hora de ingreso. Siempre pensando que todo va bien porque así lo quiero yo.

El síndrome de Apert se desarrolla a partir del quinto mes.

Todo preparado para recibir a mi princesa. En quirófano el ambiente es tenso y hay más médicos que en mi anterior cesárea. Me atan los brazos y me ponen una sábana a la altura del cuello que me impide ver. Mi anterior cesárea no fue así, yo vi como sacaron a mi hijo, pero como todo va a salir bien, yo solo pienso en mi princesa pelonceta y rubita.

Sacan a Daniela y se la llevan corriendo, yo no veo nada, salvo a la matrona que se lleva un bulto. Empiezo a preguntar y nadie me contesta, mis nervios van en aumento hasta que el Dr. me dice que me tranquilice porque no puede coserme. Incluso con epidural debo de estar moviendo todo mi cuerpo.

Llega el momento que me enseñan a mi niña, tapada hasta arriba: nada más que veía los ojos, nariz y boca. Me hablan de que hay alguna malformación en las manitas, pero esa cara tampoco me parece normal. Me pongo más y más nerviosa y creo recordar que me sedan, antes me revuelvo para darle un beso en ese mini espacio de carita que me dejan ver.
Tengo la sensación de querer despertar de una pesadilla que me dura más o menos 4 meses.

A Daniela se la llevan a incubadora y empiezan a hacerle pruebas. Mi marido ve por los pasillos mucho ajetreo hacia las incubadoras: no hacen más que entrar y salir médicos trajeados pero nadie nos dice nada, no sé cuantos días pasaron, yo estaba sedada todo el tiempo. Creo que es uno o dos días después cuando se acerca mi Dr. a la habitación y nos habla de un posible Síndrome de Apert. Empieza la labor de investigación, sobre todo familiares, de qué significa esa palabreja. Nos hablan de posible ceguera, sordera, malformaciones múltiples, retraso mental, craneosinostosis, afectación neuronal, rechazo social y mil cosas que yo no pude oír porque dolían demasiado.
Quiero ver a mi pequeña y ni siquiera me la ponen al pecho. Pido una silla de ruedas para poder acercarme a la incubadora e intentar amamantarla. No paro de llorar, pero intento consolarla a ella (o a mí) por lo que le ha tocado vivir y por su futuro. Es una frase que nos repiten mucho al principio: “No pienses en el futuro”.

 


Cuando la veo siento que la quiero y que voy a hacer todo lo posible para su bienestar por muy duro que sea, la abrazo, le doy el pecho y me la retiran rápidamente para volver a conectarla a todas las máquinas. Vuelvo a la habitación y quiero despertar…. ¿Soy una traidora? El ser humano es así de cobarde.